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Historia de Morillo de Tou, pueblo recuperado del Pirineo aragonés

Morillo de Tou fue un pequeño pueblo situado en el Valle del Cinca, a orillas del embalse de Mediano y a cuatro kilómetros de L’Aínsa, que es junto con Boltaña el núcleo principal de la comarca de Sobrarbe y puerta de entrada al macizo de Monte Perdido, en la parte central de los Pirineos.

No se puede hablar del origen de Morillo de Tou sin mencionar primero la existencia del poblado medieval de Tou. Era éste un asentamiento ubicado en lo alto del llamado cerro Cotón donde quedaba protegido por los escarpes naturales, y del cual se conservan únicamente restos de cimentaciones de alguna antigua casa y parte de la planta y el campanario de una iglesia cuya construcción se remonte posiblemente al siglo XII, conocida como el Campanal de la Virgen o, en la actualidad, como la Atalaya. Está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y forma parte del Románico del Alto Aragón.


Con el tiempo, seguramente en la segunda mitad del siglo XIII, merced al avance hacia el Sur de los reinos cristianos, la población se establece al pie del cerro y pasa a denominarse Morillo de Tou, nombre que etimológicamente indica la presencia de una muralla protegiendo el asentamiento. A partir del año 1295, cuando se documenta su existencia por vez primera, se conocen varios censos desde finales del siglo XV al XIX, según los cuales la población variaba entre diez y cincuenta habitantes hasta finales del XVIII, manteniéndose siempre después por encima de los cien hasta comienzos del siglo pasado. Según el diccionario geográfico de Pascual Madoz (1845-1850) el pueblo cuenta con 19 casas (de las cuales la mitad están reunidas y la mitad a corta distancia), 19 vecinos y 141 almas.  Poco después, López Novoa en su “Historia de Barbastro de 1861”, contabiliza 120 habitantes. La estampa de Morillo de Tou por aquel entonces no debía diferir mucho de la que se refleja en esta fotografía de 1954.

 

Las cifras del siglo XIX parecen señalar un buen momento demográfico. No obstante, los datos referentes a la producción ponen de manifiesto las dificultades de los habitantes para la explotación de los recursos naturales en el territorio. Así, las familias poseían básicamente una economía de subsistencia, basada en el cultivo de pequeños campos y huertas, en la caza y la pesca también a escala reducida. La entrada del Madoz dice textualmente: “El terreno es casi todo monte á escepcion de un trozo de llano que está plantado de vides y árboles frutales, siendo la calidad de este mediana, y la restante mala y pedregosa; hay también un pequeño pedazo de huerta que se riega con las aguas del Cinca. Los caminos son de herradura locales, á escepción del general que conduce de Barbastro á Francia, todos en buen estado. PROD.: trigo, poco vino y legumbres; cria ganado lanar y cabrío.”

Esta escasez de recursos requería un control social de la demografía y de los patrimonios, que se plasmaba en la tradición hereditaria de la provincia de Huesca, según la cual todos lo bienes familiares pasaban al primogénito como único heredero familiar, con ciertas contraprestaciones de mantenimiendo sobre el resto de miembros de la familia y sobre el patrimonio de la casa, de manera que las expectativas de los hermanos menores pasaban por permanecer solteros en la casa (tiones) o por buscarse la vida en otro lugar, lo cual efectivamente se produjo casi siempre en el siglo XX por las oportunidades fáciles de encontrar trabajo que ofrecían las ciudades. Esto que hoy en día nos puede resultar discriminatorio, fue antiguamente una forma efectiva de mantener la casa tradicional aragonesa, como una unidad familiar y patrimonial, pero también económica y productiva, evitando la división y disgregación en un entorno con recursos limitados y de difícil acceso. En las típicas casas de pueblo del Alto Aragón, convivían por tanto tres generaciones de personas; abuelos, hijos y nietos, y se requerían muchas veces espacios para la bodega, los aperos de labranza, corral para los animales domésticos… lo cual explica el gran tamaño de alguna de las casas que aún podemos contemplar en Morillo; Casa Cambra, Casa Cuello o Casa Cardiel son buenos ejemplos de casa tradicional aragonesa. En Cambra y Cuello, se ha podido preservar actualmente la cubierta de lajas original, y en la fachada lateral de Casa Cardiel se pueden observar las lineas de construcción original y las ampliaciones que sus habitantes fueron realizando conforme tuvieron necesidad.

En el siglo XX, con el desarrollo de la industria, el auge las grandes ciudades, la introducción de maquinaria y el desarrollo de nuevos procesos en la agricultura y ganadería, en detrimento de la trashumancia, comienza un fuerte proceso despoblador en las zonas de montaña, agravado por otros factores como la construccion de los grandes embalses -con especial impacto en la Comarca de Sobrarbe-, que no parará hasta finales de siglo. La población fue descendiendo paulatinamente en el Sobrarbe, pasando de 22.794 habitantes en 1900 a un censo de 6.639 en 1998. El resultado de esta pérdida demográfica es desolador; a comienzos del siglo XXI había en la zona más de 120 pueblos abandonados.

Morillo de Tou en 1980. Los embalses, aunque no inundan el casco urbano de muchos de los pueblos expropiados, sí que anegan gran parte de sus zonas fértiles de cultivo, las más cercanas al río, y cortan la comunicación entre las localidades próximas que quedaban en la margen opuesta del Cinca.

A raíz del recrecimiento del Embalse de Mediano, en 1960, las tierras de Morillo de Tou fueron expropiadas y pasaron a pertenecer a la Confederación Hidrográfica del Ebro,  debiendo abandonar el pueblo los pocos habitantes que quedaban.  Poco a poco, la falta de mantenimiento, las inclemencias del tiempo, los expolios… dejaron las casas del antiguo Morillo en estado de ruina. Casi 20 años después de la marcha del último habitante, el sindicato CC.OO. de Aragón, se planteó solicitar a la Confederación Hidrográfica del Ebro la cesión del pueblo para su reconstrucción y habilitación como el centro turístico y de ocio que es en la actualidad.